Respuesta a la pregunta:

¿Qué es la verdad?

 

Al final de este breve recorrido sobre las principales cuestiones que a nuestro entender preocupan a los seres humanos sobre la verdad debemos recapitular y sobre todo, ver qué podemos aportar a la cuestión más esencial para nuestra supervivencia en el planeta  en un minúsculo rincón del Cosmos, en donde el lugar que ocupamos apenas se distingue de un vacío o de una nada. En ese soplo de vida han discurrida las vidas de miles de millones de hombres, las civilizaciones, los discursos, las historias con sus guerras intermitentes, los sufrimientos y los odios, el amor  y la entrega, la solidaridad y la maldad, la educación y la corrupción, la verdad y sus manifestaciones y la ignorancia más profunda sobre lo pequeño y sobre lo grande. En ese ínfimo agujero de nada el ser humano, más pequeño aunque se mundo se ha preguntado por la verdad y en ocasiones ha muerto por ella o ha matado por ella.

En mi opinión hay en el término “verdad” dos significados que no deben cruzarse en absoluto aunque de hecho no se suele guardar esta precaución. Podemos denominarlos verdad objetiva y verdad subjetiva. La primera nos habla de los objetos cuya verdad puede alcanzar el hombre. La segunda señala más bien, aquella verdad que le corresponde al hombre primariamente como tal y cuya posesión le satisface absolutamente.   

La verdad objetiva debiera de usarse en plural porque se especifica por los objetos de los que se busca verdad. Hay una verdad cosmológica, otra física, otra matemática, o la verdad biológica, cuántica sin olvidar las verdades humanas: la verdad del arte, de la historia, de la economía, de la moral y todas aquellas que se refieren a los innumerables objetos que el hombre investiga y que quiere conocer. Cada una de ellas tiene un método propio de acceso y no es posible cambiar de método arbitrariamente como no cabe  querer llegar a una ciudad, utilizando “cualquier” autopista argumentando que somos libres de elegir cualquiera . Para llegar a un destino, hay que elegir la ruta más económica, más corta, más rápida, más cómoda, etc. La libertad no se da nunca a la carta sino con condiciones y limitaciones. Nuestra dignidad y autonomía no se sostienen lamentándose de ellas sino sacando todo el partido posible. La libertad es siempre lo que podemos hacer con la necesidad.

La verdad subjetiva, aquella que mueve al hombre a vivir en profundidad, aquella que si no se encuentra, no podrá ser sustituida por ninguna verdad objetiva ni por todas juntas, si posible fuera sumarlas, es la verdad de la conciencia.

Cuando decimos que no entendemos el sentido de la vida ni para qué estamos aquí ni mucho menos por qué un hombre feliz y satisfecho poseedor de un gran depósito de verdades objetiva, cumplidas y colmadas o en trance de hacerlo, cuando éste hombre cae fulminado por una rápida y degradante enfermedad o por la muerte inexplicable, entonces la pregunta  universalmente reiterada es: ¿Por qué a mí, esto, ahora?. Así se la hemos oído de labios de personas felices que ocupaban altos cargos, que llevaban grandes empresas, universidades e incluso comunidades religiosas. ¿Por qué a mí, esto, ahora?

Si esta situación objetiva la tratamos de comprender con métodos objetivos que tomamos de los ámbitos de las distintas ciencias bien sean positivas, formales o naturales, nos volveremos locos sin encontrar respuesta. La biología nos dirá que si se hubiera conocido el gen responsable de aquel cáncer o si se hubiera seguido una dieta adecuada se hubiera evitado aquel infarto. Se hablará de que cada vez vivimos más años y mejor y que todo lo que no sea mejorar la esperanza de vida es dedicarse a cubrir la muerte,  con elegías metafísicas con acompañamiento de plañideras.

Esta es la situación.

La felicidad y el bien , independientemente de que sean objetivos, son siempre asunto de conciencia. Solemos decir al ver corretear las ardillas o volar los ruiseñores que son felices, porque su nivel de conciencia no percibe más que la satisfacción que producen el buen funcionamiento de sus órganos. Todos ellos tienen memoria de pajarito y alguno de ellos como las moscas tienen una vida útil de 24-48 horas. Nosotros tenemos memoria de caballo y la reflexión sobre la línea del tiempo en la que nos movemos es la fuente principal de felicidad o de infelicidad.

Las verdades objetivas son verdades pero la verdad de la conciencia es la verdad, la Verdad.

Nadie crea que hablamos en términos relativistas o arbitrarios. Sólo hay una verdad para la conciencia, una sola para todas las conciencias, pasadas, presentes, futuras y posibles . Esa única verdad no es objetiva en el sentido científico del término.

La razón es que los objetos de la ciencia lo son para un observador y se sitúan en diversos lugares, niveles e instancias de valor, pero el hombre, por estar dotado de conciencia es el único que puede constituir los objetos de las ciencias y por lo tanto en el espacio cósmico, ocupa un lugar privilegiado porque los objetos están hechos para él, pero él no está hecho para los objetos. No se le puede pedir al hombre que sea feliz con lo que hace feliz a un pez o se tuviera sentido, a una montaña. Todos los objetos de todas las ciencias juntas son configurados o captados mediante un mecanismo de constitución que tienen en la percepción visual un modelo ejemplar . No vemos árboles sino  después de que muestro cerebro los analice, los trocee, los recomponga y los verifique con el “original”. Vemos árboles en sus contextos, árboles descifrados e interpretados. Los humanos somos gente muy lista que conoce muchas cosas del universo e incluso puede transformarlas. Esto le hace destinatario de una verdad y de la felicidad que le acompaña, esencialmente diferentes de la felicidad que acompaña al descubrimiento  de las verdades objetivas y a su materialización en la naturaleza del espacio-tiempo.

El conocimiento de leyes y fórmulas, la erudición histórica o la genialidad artística, el hallazgo de soluciones sociales, económicas o políticas, hacen feliz en la medida en que hacen felices a los hombres para los que se ha trabajado. Menos felicidad si la búsqueda se agota en la propia autorrealización. Esto es debido porque la felicidad de los demás, como la nuestra, no es objetiva y por tanto con nuestra labor los hombres crecen como hombres no como objetos. Aun así, la construcción objetiva del mundo con sus grandes limitaciones, decepciones y fracasos, deja siempre el regusto de lo nunca logrado del todo. Brota, entonces, la sensación de que nos hemos equivocado en algo o que no han salido las cosas tal como fueron proyectadas . La persona inteligente y de coraje siente entonces la necesidad de más. Ese más no quiere decir, más objetos, porque ya sabemos lo que los objetos, muchos o pocos pueden dar de sí sino de más vida, más verdad que no siendo la de los objetos, nos llenen plenamente.

El objeto adecuado, que se conforma con la conciencia humana esa misma que estalla de angustia preguntando ¿Qué es la verdad? No puede ser una cosa ni un objeto, nada natural o artificial sino algo semejante a él. Si el hombre es un alguien y sabemos que lo es, lo único que puede hacer feliz al hombre, la única verdad que le puede satisfacer es otro alguien. La verdad en el sentido de la pregunta total y angustiosa no es una verdad objetiva sino personal.

Esto explica que la felicidad del hombre, estadísticamente hablando, se consigue en el trato con las personas, en la amistad, en el amor y en la familia. Cuando estos amores, amistades, se truncan, lo que en el fluir del tiempo sucede con frecuencia, la gente se siene muy desgraciada. El sentimiento de desgracia, de fracaso y de frustración se corresponde con la naturaleza de la persona cuya conciencia sufre y con el valor de la persona cuya desaparición se sufre. Salvo casos patológicos, la pérdida de un automóvil, de un diamante o de una fortuna o de un gigantesco entramado de empresas no es equiparable a la pérdida de la persona que se ama. Si esto no sucede si se aprecia más  una gran fortuna o la posesión de grandes fincas y disponibilidades financieras, más que a las personas, es entonces cuando podemos pensar que una persona que ha puesto su felicidad y su verdad en las cosas se ha degradado como persona.

Ser persona se es siempre y no se pierde ni por la muerte, pero subjetivamente, la adoración de las cosas, la seducción de la riqueza nos convierte en aquello que amamos. La demostración de que somos personas aparece cuando una crisis económica, un cataclismo, una guerra una expropiación nos convierte automáticamente en seres resentidos amargados y desnortados. También ocurre que algunos con espíritu joven recuperan el compás y trata de reconstruir su imperio y a veces lo consigue, pero el final será el mismo. En ese caso feliz, llega el momento de tener que dejarlo todo, todo aquello que se amaba y por lo que se luchó con afán y la soledad y el vacío más absoluto son el último compañero.

El Cosmos es un objeto curioso y sorprendente porque no tiene observador adecuado. El astrónomo que con cada vez más potentes telescopios sondea el universo, nunca te confesar que ha contemplado el Cosmos, pues la verdad objetiva es que solamente ha podido contemplar una ínfima parte. Es tal la inmensidad del Cosmos que escapa a las posibilidades de observación. No sólo nadie puede observar todo el Cosmos tal como es en la actualidad sino que si ponemos en juego el tiempo mucho menos podemos contemplar el Cosmos del pasado, el del futuro y los millones de Cosmos posibles. La indigencia del hombre, incluso respecto de la verdad objetiva, es infinita.

Ahí tenemos un objeto de la ciencia que es sólo un fragmento y que difícil será su interpretación si desconocemos el contexto. Un objeto sin contexto, esta es la verdad cosmológica. Y sin embargo se mueve, es decir existe. ¿Cómo la parte puede existir sin el todo?      La argumentación kantiana de que  el Cosmos, es solamente una Idea , no está mal y tiene aspectos positivos y útiles. Sin embargo el sentido común se resiste a aceptarlo porque el Todo del que formamos parte, el Cosmos total sería una pura Idea de la que el Cosmos que contemplamos y objetivamos es un fragmento. ¡Tiene algún sentido afirmar que una Idea tiene una parte que no es Idea sino objeto de experiencia sensible? ¿Se puede aceptar que el fragmento que conocemos científicamente, es el contenido existente de un continente inexistente?

El observador la conciencia observante y el objeto observado son de distinta especie se mueven en líneas de esencia distintas como Aquiles no se mueve en la misma línea, en una línea de la misma clase que la de la tortuga. Si fueran homogéneos sin duda que Aquiles alcanzaría a la tortuga.

L persona humana sólo encuentra su verdad (y felicidad) en las personas que ama y que le aman lo que ocurre en distintas modalidades de relación, pero como es propio de todo organismo vivo, quiere conservar, reproducir e incrementar su vida.

La vida específica del hombre en cuanto tal, no es la vida de su hígado o de sus pulmones como los patos sino lo propio de él es la conciencia y sus objetos que nunca alcanzan su nivel estructural. La vida del hombre es la de una conciencia que sólo puede llenarse en el trato y en la relación amorosa con una persona , un alguien infinito que le ama, un amor tan intemporal y tan permanente como el de un teorema matemático que cuando el Cosmos se hunde en la nada, el teorema sigue tan fresco. Pura ciencia.

 

Notas:

 

Sin prejuicio de la interdisciplinariedad que el opbjeto mismo exige, tanto en las ciencias positivas como en las humanas.

Desconfío de las respuestas universales cuya férrea lógica se permite prescindir de los casos concretos. Así se habla del tiempo en general, del ser en general y de la historia universal. La Verdad a la que aspira al hombre no es un universal sino una persona, para empezar. El hombre, todo hombre está hecho para el amor perfecto con la persona perfecta. En este contexto, no precisamos otros fundamentos que los de la reflexión filosófica.

Husserl, E. Ideas: FCE, México.

La percepción visul modelo del pensamiento.

Es el sentimiento de Heidegger cuando ve al hombre como un ser necesariamente fracasado de antemano, pues la muerte le constituye antes de nacer. De modo semejante Sartre concluye que el hombre es una “pasión inútil. Esta comunidad de insatisfechos no sería completa sin  agregarle los literatos, pensadores de la modernidad: Lipochevski, Braudillard,  o los nietzcheanos como Bataille, o los innumerables críticos de la Modernidad, cuyo decepción procede de haber creído alguna vez en un paraíso de objetos.

Kant, I. “Crítica de la razón pura” Sistema de las Ideas transcendentales.