Derechos humanos y Multiculturalismo

 

 

Armando Segura

Catedrático Emérito de la Universidad de Granada

 

 

Ambos términos expresan uno de los temas acuciantes de nuestro tiempo. Sobre el papel, y la ONU trabaja sobre todo sobre el papel, creemos en los Derechos Humanos de todo individuo de la especie desde que es engendrado. También sobre el papel creemos que la cultura de cada grupo étnico, religioso o  social, merece respeto.

Donde saltan chispas, es en la realidad mostrenca y cotidiana..

La civilización y la cultura son plantas muy delicadas y de muy distintas especies. Tienen su habitat propio y su ecosistema. El lenguaje, idioma y habla, expresa el modo de ser y el estadio de su evolución cultural. No es lo mismo un lenguaje  que se representa en ideogramas como el chino o el vietnamita que otro cuya  estructura es alfabética.

Los semitas inventaron el alfabeto. Su importancia estriba en que permite expresar ideas abstractas. Igual ocurre con la aritmética que representa abstracciones como el número cuatro que vale para todos los conjuntos con cuatro individuos: cuatro árboles, cuatro estrellas o incluso, cuatro números.

En China, me dicen que hay matrimonios que deben entenderse en inglés porque el chino mandarín no lo entiende el que habla en dialecto cantonés. Tampoco es tan raro. Entre nosotros, el vasco se hace difícil.

La lengua arrastra otras muchas cosas. Si las palabras son dibujos estamos en un estadio evolutivo de una cultura que funciona con imágenes. Si además, cada dibujo según lo pronuncies, puede expresar cuatro significados distintos, nos acordamos, entonces, de la Torre de Babel.

Hay culturas, la mayoría, que consideran que las mujeres no deben ser educadas y deben quedarse en casa. Reconozcamos que eso ocurría entre nosotros hace poco más de medio siglo.

Otras culturas como la llamada occidental han ido incorporando a las mujeres al trabajo profesional. No enturbia este hecho el que la causa inmediata de tal progreso, fuese la necesidad de mano de obra femenina en la industria de guerra americana durante la Gran Guerra y en la Segunda. Si ellas pueden trabajar lo mismo que los varones, se evidencia que todos somos iguales.

La igualdad aritmética, la paridad y otros postulados anejos a las ideologías progresistas tienen su origen en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa. Los jacobinos pensaban que todos somos iguales como las bolas de billar o los átomos de la materia cuántica. Cuando abres los ojos te encuentras con una gran biodiversidad dentro de la propia especie, que plantea problemas vitales cada día.

Las etnias, las tribus, las distintas reglas de conducta, hacen que cada grupo cultural tenga una historia muy distinta. Si quieres conocer a un paria, no vale vestirte de paria, porque el antropólogo  vestido de ese modo, es de cultura occidental.

Vienen los americanos e implantan la democracia en Afganistán. Suena a ciencia ficción pero es real. Los rusos, por su parte, querían, en su momento, implantar el marxismo leninismo en una cultura y un pueblo que está más cerca de la Edad del Hierro temprano que del siglo XXI. Ambos tuvieron que salir con más pena que gloria y con prisa.

A escala mucho menor pero en España, pasan cosas parecidos con los aborígenes, o sea, con nosotros. A un gallego no le des prisa ni le exijas certezas porque habita las nieblas del Norte que lo han engendrado. A un andaluz, con temperaturas en verano cercanas a los 40º, tampoco lo agobies, porque además, está muy “a gustico”  con lo suyo. Los catalanes, se dan más prisa porque les gusta el dinero y son, encima unos sentimentales. Adam Smith y la economía de mercado surgen de la moral sentimental inglesa del siglo XVIII.

Ahora podemos hablar de que, en los Consejos de Administración, exista una rigurosa paridad de sexos o de que todos somos iguales ante la ley. Reconozcamos que eso es verdad para la gente más humilde. Todos sabemos que robar un coche te manda a la cárcel, pero no así robar a tu madre patria. Quizás este noble pensamiento haya llevado a algunos, a nivelar las rentas que siempre son, de hecho, desiguales, por los tortuosos caminos de la ingeniería fiscal. O vienen otros, inocentes (o no) afirmando tener la solución a todos los problemas, mediante una renta de subsistencia de 1800 euros para todos y cada uno de los ciudadanos. Esas bondadosas ideas han llevado a hacer de los países, cementerios con muchos millones de muertos. Los hombres y las mujeres no son conejos y conejas, ¡querido Watson!

¿Qué hacer? como escribía Lenin en sus buenos tiempos. ¿Cómo arreglar el mundo?

Hay una serie de criterios que nos pueden ayudar. Deberíamos indagar el denominador común de todos los humanos, buscar como sea, dice Steve Pinker, algo así como la naturaleza humana, el denominador común. Si un brillante ingeniero de la M.I.T: lo reclama con angustia en su libro “La tabla rasa”, la sugerencia no es sospechosa de ser retrógrada. Defender la unidad, respetar la diversidad.

En el Cristianismo lo tenemos claro y por eso mismo, se persigue a los cristianos a muerte. Si lo natural es que una mujer -de casta paria- puede o debe ser violada, predicar lo contrario, es atacar los fundamentos del sistema étnico cultural. Si cambiar de religión es algo peor que el asesinato ¿qué hacer?

Aunque parece no muy pertinente, un primer paso podría ser la  progresiva extensión del inglés por el mundo global. Un idioma poco dogmático y abierto y que se comparte con el español en el ancho mundo.